Historia del Eneagrama – desQbre

Eneagrama: (del griego ennéa = nueve + gramma = signo)

eneagramaEs un conocimiento acerca de la realidad que procede de varias fuentes de sabiduría antigua y que se combina con la psicología moderna.

No se conoce el origen exacto del símbolo del eneagrama, pero tiene al menos 2.500 años de antigüedad. Quizás se originó en Babilonia. Su derivación de la geometría y las matemáticas, sugieren influencias del pensamiento griego clásico. Plantea teorías  de Pitágoras, Platón y algunos filósofos neoplatónicos. Forma parte de la tradi­ción occidental que dio origen al judaismo, el cristianismo y el islam, así como a las filosofías hermética y gnóstica.

El responsable de introdu­cir el símbolo del eneagrama en el mundo moderno fue el armenio-griego George Ivanovich Gurdjieff (1875). Un buscador de la verdad que pensaba que había un conocimiento perdido para transformar la psique humana. El eneagrama que enseñaba era un modelo de procesos naturales (psicología, espi­ritualidad y cosmología), con el que ayudaba a sus alumnos a compren­der su lugar en el Universo y su finalidad en la vida.

Gurdjieff explicaba que el símbolo del eneagrama tiene tres partes que representan tres leyes divinas que rigen toda la existencia.

El círculo, mándala universal usado casi en todas las culturas. Representa la unidad, la totalidad y la unicidad, y simboliza la idea de que Dios es uno, la característica distintiva de las principales religiones occi­dentales: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

El triángulo, que representa la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las 3 emanaciones o esferas del árbol de la vida de la cábala, las sefirot (Kéter, Bina y Jojmá). Los budistas hablan de Buda, Dharma y Sangha. Los hindúes, de Visnú, Brahma y Siva. Los racistas, del Cielo, la Tie­rra y el Hombre. Las principales religiones del mundo enseñan que el Universo es una manifestación no de dualidad, como enseña la lógica occidental, sino de trinidad. Hombre, mujer e hijo. Negro, blanco y gris.

La «Ley de Tres» dice que todo lo que existe es resultado de la interacción de tres fuerzas: activa, pasiva y neutralizante. Los descubrimientos de la física moderna apoyan esta idea, los átomos están formados por protones, electrones y neutrones. La física ha descubierto que en realidad sólo hay tres: la fuerza fuerte, la fuer­za débil y el electromagnetismo.

La hexada, cuya figura sigue los números 1-4-2-8-5-7, simboliza la «Ley de Siete», que tiene que ver con el proceso y el desarrollo en el tiem­po. Afirma que nada es estático, todo se mueve y se convierte en otra cosa. In­cluso las piedras y las estrellas se transforman finalmente. Todo cambia, se recicla, evoluciona o se transfiere, aunque de modos legítimos y previsibles según su naturaleza y las fuerzas que actúan sobre ello. Los días de la sema­na, la tabla periódica y la octava de la música occidental se basan en la Ley de Siete.

Uniendo estos tres elementos (círculo, triángulo y hexada) obtenemos el eneagrama. Es un símbolo que representa la integridad de una cosa (el círcu­lo), cómo su identidad resulta de la interacción de tres fuerzas (el triángulo) y cómo evoluciona o cambia con el tiempo (la hexada).

La psicología de los nueve tipos se remonta por lo menos al siglo IV. Sin embargo fue el boliviano Oscar Ichazo quien, a comienzos de los años cincuenta, descubrió la conexión entre el símbolo y los 9 tipos de personalidad. Desde muy joven se fascinó por el descubrimiento de conoci­mientos perdidos. Viajó por el mundo en busca de sabiduría antigua y comenzó a destilar lo que había aprendido. Los nueve atributos divinos tal como se reflejan en la naturaleza humana (Eneadas de Plotino en el siglo III) entraron en la tradición cristiana como sus opues­tos. La distorsión de los atributos divinos se convirtió en los siete pecados (o «pasiones») capitales, más otros dos (el miedo y la mentira o engaño). Pasó a la li­teratura medieval, los Cuentos de Canterbury de Chaucer y el «Purgatorio» de Dante.

En 1970, el famoso psiquiatra Claudio Naranjo, que estaba desarrollan­do un programa de terapia gestalt en el Instituto Esalen de Big Sur (Califor­nia), y un buen número de otros pensadores del movimiento de potencial humano, viajaron a Arica (Chile) para estudiar con Ichazo, que dirigía un curso intensivo de 40 días diseñado para conducir a los alumnos a la autocomprensión.

Naranjo se interesó en hacer la correspondencia entre los tipos del eneagrama y las categorías psi­quiátricas que él conocía, y comenzó a ampliar los breves esquemas de Icha­zo sobre los tipos. Un método para demostrar la validez del sistema fue reu­nir grupos de personas que se identificaban con un determinado tipo o cuyas categorías psiquiátricas se conocía y entrevistarlas para destacar las similitu­des y adquirir más información. Por ejemplo, reunía a todas las personas de su grupo que tenían personalidad compulsiva-obsesiva para observar cómo correspondían sus reacciones con las descripciones del tipo de personalidad Uno, etcétera.

El uso de paneles o grupos comenzó con Naranjo a principios de los años setenta, como una manera de enseñar e iluminar el eneagrama. Naranjo empezó a enseñar una primera versión del sistema a grupos particulares de Berkeley (California) y a partir de allí su enseñanza se exten­dió rápidamente como el eneagrama de las fijaciones. El eneagrama lo enseñaban entusiastas en la zona de la Ba­hía de San Francisco así como en las casas de retiro de los jesuitas por toda Norteamérica.

En los 80, el eneagrama de las fijaciones se populariza como un sistema de perfiles psicológicos. Helen Palmer y Don Richard Riso comienzan a propagarlo. A partir de ese momento su evolución y propagación ha sido exponencial hasta nuestros días.

El eneagrama lleva más de veinte años presentándose como un método de crecimiento personal para conocerse uno mismo según arquetipos de personalidad.  Se promueve como una ayuda para adquirir balance e integridad personal.

LA HISTORIA DEL CERRAJERO: CUENTO SUFÍ

Había una vez un cerrajero al que acusaron injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda. Cuando llevaba allí algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo, se presentó al rey y le suplicó que le permitiera por lo menos llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día. El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración. El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre ella.

Pasado un tiempo, el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conse­guido, él explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, co­menzó a ver lo que tenía justo bajo las narices. Un buen día vio que su mujer había tejido en la al­fombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía prisionero. Cuando se dio cuenta de esto y com­prendió que ya tenía en su poder toda la información que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias. Y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión. Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros. También deseaban escapar pero no tenían los medios para hacerlo.

Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos le llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado. Juntos amasarían recursos para la huida y del trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir el cerrajero haría una llave.

Una noche, cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo. Dejó en la prisión la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficiente­mente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar. Así se reunió con su mu­jer, sus ex guardias se hicieron sus amigos y todos vivieron en armonía. El amor y la pericia prevale­cieron.

Esta historia tradicional sufí, de Idries Shah, podría simbolizar nuestro estudio del eneagrama: la cerradura es nuestra personalidad, la alfombra para orar es el eneagrama y la llave es el trabajo. Obser­va que aunque la esposa le lleva la alfombra, para obtener las herramientas el cerrajero tiene que crear algo útil para los guardias. No puede salir solo ni gratis. Además, durante todo el tiempo que oraba por la libertad el medio para su liberación estaba literalmente bajo sus narices, aunque él no veía el di­bujo ni entendía su significado. Pero un día despertó, vio el dibujo y entonces tuvo los medios para es­capar.

La lección de la historia es clara: cada uno de nosotros está prisionero. Sólo hemos de abrir nuestra mente para «leer» el dibujo de la cerradura que nos permitirá escapar.

Firma desQbre 2012

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